Gerson Tavares hacía su última entrega de la noche cuando vio a un niño de 2 años, en pañales, corriendo en medio de una avenida muy transitada de Los Ángeles. Y no lo dudó: tenía que hacer algo. Así que salió disparado por la puerta para intentar rescatar al niño. «Yo corría y corría, sabía que si salía del carril otros autos no lo verían», relató. Tavares arriesgó su propia vida y logró detener el tráfico para sacar al chico de la avenida, justo frente a una iglesia.

Lo que lleva a este repartidor a asegurar: «No soy yo el héroe, Dios es el héroe». La historia de Gerson Tavares es un testimonio de cómo Dios puede usar a personas comunes para llevar a cabo actos heroicos y maravillosos. Él no dudó en arriesgar su propia vida para rescatar al niño y reconoció que la fuerza y el coraje que mostró en ese momento provienen de Dios.

La Biblia nos dice: «No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia». Aunque enfrentemos situaciones de peligro y nos sintamos insignificantes, Dios está presente y puede obrar a través de nosotros.