En mi libro Escuela para Padres comparto que amor se deletrea TIEMPO. Y quienes demuestran su amor de esa manera más que nadie son las mamás. Ellas han sido escogidas por Dios para llevar al bebé en su vientre por un período de tiempo, ese tiempo se traduce en amor. Luego de nacidos, el cuidado de las madres es indispensable para la sobrevivencia de los hijos, alimentándolos, velando por su salud e higiene, y eso requiere tiempo. Los hijos crecen y las madres están en cada etapa. En los alegres, como los cumpleaños y las actividades de la escuela, y en los tristes y dolorosos; y eso requiere tiempo. Eclesiastés 3 dice que hay tiempo para todo, pero a veces, a las madres lo que les hace falta es eso: tiempo para ellas.

Este mes que reconocemos a las madres por su amor incondicional, quiero recordarles que ustedes también son hijas. Hijas de un Padre amoroso, que como dice Jeremías 29:11 “…yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” Agar, la madre de Ismael, hijo de Abraham, fue desechada. Anduvo por el desierto sola con su hijo, y en el momento más oscuro y difícil Dios tuvo misericordia de ella. Aunque las circunstancias actuales sean adversas, su futuro es mejor. Dios tiene y quiere darles un futuro esperanzador.

Muchas madres son excepcionales para reconocer las necesidades de sus hijos sin que ellos digan algo. Saben cuándo necesitan ropa nueva u otros zapatos. Madres, ustedes tienen a un Padre que conoce lo que necesitan y que les dará mucho más abundantemente de lo que pidan. Dice Mateo 6:8 “…porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.” Ana, la madre de Samuel oraba por el milagro de la concepción y la justicia, pues se burlaban de ella por no concebir. Pero Dios cumplió su promesa. Queridas mamás, depositen en Dios sus peticiones, cualesquiera que sean y vean cómo él obra a su favor.

Una de las cualidades de muchas madres es que tienen un oído especial, aun estando dormidas, para saber cuándo un hijo llega a casa, o reconoce en el tono de la voz que algo le pasa. Madres, ustedes tienen un Dios que les hace esta promesa en Salmos 121:3: “No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida.” Cuando el hijo de la sunamita murió, el profeta Eliseo llegó y con el poder de Dios lo resucitó, devolviendo la alegría al hogar. Madres, su Padre celestial es su protector, nadie les podrá hacer frente.

Otra característica de las madres es que defienden a sus hijos a toda costa. Algunas hasta justifican sus acciones con tal de evitarles las consecuencias. Pero en general, el sentido de protección de una madre es grande. ¿Y quién vela por ellas? La Biblia dice en el Salmo 121:5-8 “El Señor es quien te cuida; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. De día el sol no te hará daño ni la luna de noche. El Señor te cuidará; de todo mal guardará tu vida. El Señor cuidará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.” Como he dicho muchas veces, una madre puede con 5 hijos, pero 5 hijos no pueden con una madre. Hoy les recuerdo que su Padre celestial cuida de ustedes, él es su protector, su proveedor, su sanador.

Y también hay madres que ya no tienen a sus hijos, porque se fueron o porque fallecieron. Dios también es su consuelo. La tristeza de la ausencia puede ser reemplazada con el gozo del Señor, y eso las fortalecerá.  

El amor de las madres se ve reflejado en el tiempo que les dedican a sus hijos, y algunas veces, se extiende a los nietos. Hoy hagan una pausa, y recuerden que ustedes son hijas de un Padre amoroso. Dios, en su gran amor, envío a Jesús para darle un nuevo sentido a su vida. Ahora, seguramente seguirán dando de su tiempo, pero en esa acción, Dios es glorificado.

Hijos, honren a sus madres, no solo este mes, sino todos los días, pues eso agrada a Dios.

Y a las mamás: ¡Feliz día de las madres! No se cansen de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharán.