Dios en su gran amor, envió a Jesús para morir por nuestros pecados, restaurando así, la relación entre él y nosotros. Este mensaje podría considerarse como locura. 1 Corintios 1:18 dice “Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.” Para los antiguos judíos y gentiles, la idea de un salvador crucificado no tenía sentido. 1 Corintios 1:22 y 23 dice que “Los judíos piden señales y los que no son judíos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos y es locura para los no judíos…” Los judíos esperaban que viniera un hombre que se convirtiera en el mesías, en el libertador de Israel. Él les volvería a poner un rey, sin opresión romana. Su creencia era que Dios los iba a liberar a través de un hombre que derrotara a los enemigos y devolvería la gloria que una vez tuvo el pueblo con David, el rey de Israel. Por eso, no pudieron entender cómo Jesús podía ser el Ungido, el Cristo, el Mesías. Jesús venía de un hogar humilde, hijo de un carpintero. Ellos esperaban a alguien con gloria, poder y autoridad, pero no lo pudieron ver en Jesús. Por eso, el evangelio es locura para quienes aun no lo entienden. No se puede concebir que algo aparentemente débil pueda traer salvación.

Marcos 15:29-32 dice “Los que pasaban meneaban la cabeza y blasfemaban contra él: —¡Eh! Tú que destruyes el Templo y en tres días lo reconstruyes, ¡baja de la cruz y sálvate a ti mismo! De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la Ley. —Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! Que baje ahora de la cruz ese Cristo, el rey de Israel, para que veamos y creamos. También lo insultaban los que estaban crucificados con él.” Esa escena, desde el punto de vista humano, no representaba esperanza sino vergüenza, burla y desprecio, ya que la cruz era considerada un método de tortura y castigo.

Hoy, ese mensaje sigue siendo locura. Para los no creyentes, es una locura pensar que por medio de un hombre crucificado nosotros podemos obtener la salvación. No es fácil para el hombre moderno aceptar que necesita un salvador y menos aceptar que ese salvador tuvo que morir para salvarle. Para el hombre natural, es muy difícil entender las cosas espirituales. Pero cuando Dios nos da la fe y nos da de su Espíritu, entendemos el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Hemos entendido que somos pecadores, que necesitamos un salvador y que ese es Jesús.

Solo Dios nos ha podido rescatar, sólo él nos ha podido sanar y librar del enemigo. ¡Eso es poder de Dios!

El mensaje de salvación es locura para unos, pero de poder para otros. A veces hemos tenido situaciones tan complicadas que solo Dios nos ha podido rescatar, sólo él nos ha podido sanar y librar del enemigo. ¡Eso es poder de Dios! Las personas quieren dejar de pecar, pero por sus propias fuerzas no pueden, porque están atadas a un vicio. Hay quienes han tratado de librarse del alcoholismo y no pueden, pero el poder de Dios es grande que nos puede hacer libres. A veces el pecado es la mentira, el robo o el engaño, pero Dios puede librarnos.

Romanos 1:16 dice “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los que no son judíos.” Si hay algo que debemos aprender es que nunca debemos avergonzarnos del evangelio. Las personas se avergüenzan de sus orígenes, de dónde nacieron, o de su familia. Algunos se avergüenzan del evangelio y olvidan que Jesús dijo que el que lo negare delante de los hombres, él lo negará delante del Padre. El consejo de Pablo es importante: no avergonzarse del evangelio porque es poder de Dios.

Ese mensaje de la cruz tiene poder, porque nos libra de la oscuridad. Ahora estamos en el reino de la luz, ya no estamos en oscuridad, esa que separa al hombre de Dios. Ese reino de luz es la esperanza de una vida eterna. Ese poder nos libra del temor de la muerte. El temor esclaviza, pero Jesús vino a hacernos verdaderamente libres.

En estas fechas que recordamos la pasión y sacrificio de Jesús, debemos hacerlo con valor. La muerte de Jesús trajo salvación al mundo entero y ese mensaje es poderoso. Vivamos acorde a ese poder, compartiendo con nuestros familiares y amigos cómo vive un hijo de Dios; en santidad, con fe y esperanza. No nos avergoncemos del evangelio porque es poder de Dios.