El 31 de octubre se celebra la Reforma Protestante. Es un evento fundacional en el cristianismo protestante, marcado por el 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero publicó sus 95 tesis, iniciando la Reforma Protestante. Conmemora la lucha por los principios bíblicos y la pureza del evangelio, oponiéndose a prácticas como la venta de indulgencias y enfocándose en la salvación por gracia a través de la fe.

Esa gracia, o regalo inmerecido, es el perdón de Dios, a través de su hijo Jesús, por nuestros pecados.

Es impresionante que ahora tengamos café descafeinado, azúcar artificial; tenemos comida baja en calorías, baja en grasas, y cristianos bajos en fe, bajos en compromiso y valores. Nosotros necesitamos retomar ese evangelio, que es un evangelio que Jesús predicó al decir “si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz cada día, y sígame.” Tomar la cruz cada día es morir a uno mismo, es decir no al pecado.

La salvación no se compra, sino que se obtiene a través de Jesús, quien pagó el precio total en la cruz del Calvario.

El pecado es la muerte del alma, es por eso que la Biblia dice que “la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús”. Es desagradable ver un cadáver, por eso se esconden, se entierran, se meten en un cajón, aunque sea el cuerpo de una madre, una esposa o un hijo. Cuando el espíritu sale del cuerpo, ese cuerpo ya no tiene un aspecto agradable. Existen museos que albergan momias de todo tipo, de animales, que son simpáticos cuando están vivos, pero muertos, ya son desagradables. Como cristianos, no podemos vivir como momias, tenemos que ser cristianos con vida, la vida del Espíritu, la vida de Dios nuestro Señor.

El evangelio de Jesús es una buena noticia que dice que todos estamos condenados a muerte eterna por desobedecer y revelarnos a los mandamientos de Dios, pero que para librarnos de la muerte y declararnos justos, no por nuestras obras, Dios envió a su hijo Jesús, para morir en nuestro lugar en la cruz del Calvario por nuestros pecados para salvarnos. Creer en ese sacrificio es lo único que salva.

La salvación es por gracia y no por obras. Efesios 2:8 y 9 dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte.” Desde Adán y Eva, el pecado ha estado en el mundo, y desde entonces el hombre ha querido salvarse a sí mismo haciendo toda clase de obras. Pero la salvación no se compra, sino que se obtiene a través de Jesús, quien pagó el precio total en la cruz del Calvario, y nosotros sin hacer nada, recibimos esa salvación, no por obras, sino por fe.

Por eso la gracia es un regalo inmerecido, porque merecíamos morir por nuestros pecados, pero ahora vivimos por el regalo del perdón. Gracia es lo mejor del cielo para salvar a lo peor del suelo.

La Biblia en Romanos 5:1 dice “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Cuando nosotros ponemos la fe en Jesús, somos declarados justos; y al ser declarados justos, somos inocentes, sin culpa. Esa es la gracia.

El problema es abusar de esa gracia. Porque pecamos, nos perdona. Robamos, nos perdona. Matamos, nos perdona. No hay licencia para pecar, solo porque tenemos la abundante gracia de Dios. Hay quienes abusan de la gracia y caen en un libertinaje que ignora por completo el costoso precio del perdón, tienen una actitud irrespetuosa hacia la ley, la ética y la moral, buscando su propia libertad, menoscabando la de los demás. Viven en desenfreno en su modo de andar y de hablar, sin límites, sin ley, sin rendirle cuentas a nadie, pensando que no habrá consecuencias.

¿Persistiremos en el pecado para que la gracia abunde? No. Cada día debemos morir al pecado, llevar la cruz y vivir en santidad para Dios. Efesios 2:10 dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” Fuimos creados para buenas obras. Nuestras obras deben ser de acuerdo a la voluntad de Dios. Tito 2:11 al 13 dice “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con dominio propio, justicia y devoción, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”

Recordemos que la salvación es por gracia y que todos los días debemos vivir en justicia, devoción y dominio propio.