Todo lo que en la vida nosotros aprendemos, no solo es través de la teoría sino en base a la práctica. Uno aprende a cocinar, no con la teoría sino con la práctica. Es por eso que la práctica hace al maestro. Por lo tanto, es importante recordar las palabras de Jesús cuando dijo acerca de los Fariseos “Hagan lo que predican, no lo que practican”; a menudo se predica pero no se practica, y ese es el gran problema.

Nosotros tenemos que aprender no solo a ser oidores sino hacedores. La Biblia dice que el pecado está en aquel que sabe hacer el bien y no lo hace. No solo es pecado hacer lo malo, también lo es no hacer lo bueno. Por eso el primer libro que relata el inicio de la historia de la iglesia se llama “Hechos”, porque los hechos son más importantes que los dichos.

Gipsy Smith, un evangelista inglés, decía que el evangelio que más lee la gente es el quinto evangelio, “el evangelio según yo”. Mi vida, mi conducta, mi testimonio, eso es lo que las personas van a leer antes de abrir la Biblia. Antes de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, primero lo van a ver a usted, y quizás eso los motive a leer la Biblia. Por eso es que nuestros hechos son importantes para que las personas se convenzan de nuestros dichos.

Santiago, el primer pastor de la iglesia primitiva escribió a los creyentes que habían sido dispersados por el imperio romano debido a su fe, y que se encontraban sufriendo persecución, les escribe de una manera consoladora y exhortativa que deben ser lentos para enojarse. Pero también les instruye para que estén prestos a escuchar y que en el aspecto edificante y positivo de la vida cristiana deben tener prontitud para actuar. Tenemos que aprender a accionar, no solamente lentos para no reaccionar a la instigación, sino prestos para escuchar y poner en práctica.

Santiago 1:22 dice “No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” Por eso es importante que los mensajes que prediquemos sean mensajes que las personas puedan llevar a la práctica. Si no se puede llevar a la práctica, no es relevante. Las personas quieren escuchar la Palabra de Dios, pero debe llevar a la práctica.

Santiago sigue diciendo: “El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.” Usted recibirá bendición al practicar la Palabra de Dios. Oír el evangelio es positivo, es bueno, pero llevarlo a la acción es mucho más. Lo que lee y se dice en la iglesia debe ser vivido y practicado en la vida. Y solo cuando es vivido y practicado en la vida, es cuando recibimos bendición.

De nada sirve sentirnos confrontados con la Palabra si no hay un cambio en nuestra vida; por eso Santiago dice que “es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es.” Cuando veamos reflejado en la Biblia un aspecto negativo de nuestra vida, debemos cambiarlo, no se nos debe olvidar. No debemos ser teóricos de la Biblia, sino practicantes de la Biblia; no debemos ser cristianos nominales. Una cosa es decir que conocemos a Dios” y otra es imitarlo y hacer lo que él manda.

Por eso Santiago dice “despójense de toda inmoralidad y de la maldad que tanto abunda”. ¿Cuál es la maldad que tanto abunda? Es decir algo y hacer lo contrario; es llamar a lo bueno malo, y a lo malo bueno; es llamar luz a las tinieblas y tinieblas a la luz. No se puede ser cristiano y corrupto, no se puede ser cristiano y ladrón, no se puede ser cristiano y adúltero. Debemos despojarnos de toda inmoralidad y maldad.

Como hijos de Dios debemos de poner en práctica su Palabra, así seremos ejemplo a los demás. Como hijos de Dios, al poner en práctica lo que dice la Biblia, haremos que nuestra familia sea diferente, que nuestra empresa sea diferente, que nuestra sociedad sea diferente, que nuestra nación sea diferente.

No seamos solo oidores, sino hacedores; no solo oigamos, sino accionemos.